METROPOLIS

Cuando sucede el tiempo, no nos percatamos de los estragos que éste deja a su paso. Sentimos sólo su acontecer cuando ya han pasado varias tandas de eso que percibimos como una línea que nos atraviesa para luego irse y seguir su camino.

Es lo más efímero de la existencia. El tiempo nos recuerda a la paradoja de Heráclito y el río cuando nos dice que “No nos bañamos dos veces en las aguas de un mismo río, ni siquiera una vez”. El tiempo son esas aguas, que aunque parezcan calmas y estáticas, fluye como el caudal de un río incesante del tiempo astronómico.

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